Por Paula Salas

petiteleague

El grupo de garage rock- lo fi de Nueva York, Petite League, publicó su nuevo álbum Rips One into the Night. Esta joven banda liderada por Lorenzo Gillis Cook, editó su tercer disco, luego de Slugger (2015) y No Hitter en junio del año pasado.

Luego de presentar un adelanto con su canción “Sun Dogs”, el grupo publica su tercer LP, en el que se corren un poco del estilo garage rock lo-fi que habían afirmado en su disco anterior. Esta vez, se vuelven un poco más distorsionados -pero sin perder el ritmo, jamás- y a la vez, proponen una mayor variación melódica.

En este álbum, hay más prolijidad que en los anteriores, pero aún así suena caótico; no hay una propuesta musical clara, como si lo hubo en No Hitter. En esta ocasión, mezclan canciones garage punk, tales como “Devils boy” y “Nothing” -que nos recuerdan mucho a los primeros discos entrañables de The White Stripes (De Stijl y White Blood Cells)- y canciones más próximas al dream pop, con mayor riqueza en sus melodías y variedad rítmica, como “Sun dogs” y “Pulling thees”. Una de las pocas canciones “tranqui 120” del disco, es “Pocketlife”; quizá, la canción más relevante, que combina la simpleza de sus melodías pop con un interesante juego vocal. “Trash blossoms” y “Ghost 1998” son los únicos temas que relajan el disco, pero al mismo tiempo no parecen tener relación con las demás canciones, y al escucharlas al final del disco parecen dos bonus track. Aún así, los coros se destacan y resultan un elemento fundamental del grupo, que no deja de ser un dúo compuesto por Mr. Lorenzo y Henry Schoonmaker.

Sin duda, el garage rock de Petite League es distinto al de los primeros The Strokes -aunque sus melodías nos recuerdan tanto a sus vecinos neoyorkinos- Algunos dirán que son “alternativos” o “indies”, pero las consideramos más barriales -fanáticos del béisbol y la cerveza- y son garage en el sentido literal de la palabra, la música parece grabada en el garage de alguno de los dos muchachos.  Si bien realizan canciones con melodías pop -que los acerca al garage rock de la vieja escuela (The Seeds, The Kinks)- mantienen un sonido lo-fi más ruidoso y despojado.

De todos modos, no podemos dejar de escuchar “Polling theth” y “Spanish lemonade”, y la rareza de “Pocketlife”. Los juegos corales son lo más destacable de los neoyorkinos -con una pronunciación asombrosamente inglesa- Hay algo en la voz de Lorenzo Cook que recuerda a Alex Turner “adolescente fluorescente” del 2007. Sin duda, menos prolija y en baja fidelidad. Eso es, quizá, lo más retro-atractivo de Petite League.