Alejandro Fernandez Alves

Alejandro Fernández Alves es un músico, productor y operador de sonido dedicado a lo musical desde muy pequeño. Comenzó a los 7 años tomando clases de piano, luego a los 9 se inició en el saxo,  instrumento al cual se dedicó, grabó y tocó en banda. Tuvo instrucción académica y clásica, luego estudió para técnico operador de sonido y grabación. Si bien estuvo varios años tocando, se dio cuenta que prefería estar de otro lado y fue así como se fue corriendo totalmente hacia la producción y la mezcla. Dedicado a trabajar con bandas jóvenes, Alejandro lleva a adelante un recorrido que dejó como resultado trabajos junto a Manu Hattom, Mejor Actor de Reparto, Conexionistas, Los Nuevos Monstruos, entre otros.

¿Cómo arrancas a trabajar con bandas?
Arranco haciendo giras como asistente de bandas de Rock and Roll principalmente. La primera banda con la que trabajo como sonidista es Sobretodo en invierno en el 2008. Ahí comencé a experimentar audio y producción. Empecé desde un lado de amistad, colaborativo y también profesional.  Cuando esa banda se separa continúo con Mejor Actor de Reparto. Al mismo tiempo se forman Los Nuevos Monstruos y  arranco con ellos en el vivo y después a trabajar a la par, como un miembro más de la banda cumpliendo un rol técnico de sonido y posteriormente de producción.

¿Cuándo descubrís que tu vocación es ser productor musical?
Empecé a escuchar discos y a sentir curiosidad en cómo se grababan. En los primeros discos que yo grabe tocando, si bien iba con el saxo a grabar uno o dos días nada más, me quedaba toda la semana mirando, aprendiendo. Me di cuenta que me sentía más identificado con el proceso en sí. No deje la música, sigo tocando, pero pasó a un segundo plano. Entendí que me gustaba mucho más eso, estar de ese lado, que a veces no está muy explorado.

Tenes una orientación a trabajar con bandas nuevas y bandas más independientes, ¿por donde pasa esa elección?
A  mí me encanta trabajar primeros y segundos discos. Disfruto muchísimo esos procesos. No me molestaría trabajar hasta el fin de mi carrera en primeros discos. La experiencia es muy emotiva y aprendo mucho de la nueva generación de artistas.

En los primeros discos para mí es muy importante tener un vuelo artístico y técnico, muchas veces se cree que un primer disco no tiene que sonar del todo bien o hasta puede sonar mal. Para mi es igual de importante un primer o quinto disco, no hace falta esperar hasta un tercer disco para hacerlo bien. Entiendo que son momentos difíciles, no solo económicos, sino de la industria en general.

¿A partir de tus preferencias musicales vas moldeando los trabajos que realizas?
No. Lo primero que les pregunto a los miembros de una banda cuando entro a un proyecto es que están escuchando y que escuchaban en el momento que compusieron sus canciones. Eso como para aprender también de ellos. No me siento identificado con los productores que se dejan escuchar y los reconoces cuando pones un disco.

Yo me dedico a la producción y estoy en contra de que se venere más el productor que al trabajo de la banda y la composición en sí. Las canciones que resultan son de la banda. Yo tengo muy en claro los roles. Para mí el productor es un colaborador más dentro del proceso. Es un enlace entre lo composición y el producto final.

No todos los discos son iguales, no uso una formula por igual. La formula es lo que cada banda quiere de ese proceso.

¿Trabajas en conjunto con otros productores?
Sí, depende del disco a veces colaboro con otros productores, otras veces otros productores intervienen en discos que yo produzco, y otras veces produzco a la par intercalando las tareas.

¿Cómo fue tu participación en el concurso Camino a Abbey Road?
Trabajé en los discos de Los nuevos Monstruos y Conexionistas acompañando el proceso desde las instancias previas a qué salieran ganadoras, hasta la grabación en los estudios Abbey Road de Londres.

Cuando se presentó el concurso lo que pensamos es que si había una posibilidad estaba bueno, había que aprovecharla. Pero de todos modos teníamos en claro que los concursos son crueles, y más en el arte que no creemos en la competencia.

Una vez dentro del concurso, fuimos pasando las distintas etapas, todo se iba dando de forma natural hasta que un día llegamos a la final y ganamos.

A partir de ahí, ¿Cómo se dieron las cosas?
En un mes había que hacer un disco. Por suerte Los Nuevos Monstruos y Conexionistas son bandas que tienen un flujo compositivo enorme. En ese momento nos fuimos al campo a cranear como ibamos a  encararlo. Armamos una lista, y desde ahí empezamos a trabajar el disco. Finalmente en Londres grabamos 15 temas, un disco de una hora. Era una bocha. Grabábamos 10 horas por día. Estuvimos con todo hasta el último momento. El proceso del disco de Conexionistas sucedió de manera similar con un poco menos de tiempo para la preproducción. En este último trabajmos en el disco bajo la producción de Juanchi Baleirón.

Una muy buena cantidad. Entonces ¿podes afirmar que fue una gran experiencia?
El concurso fue súper genuino, hicimos el disco que quisimos. Nos volvimos con un disco completo, con todas las canciones que habían sido planificadas. La experiencia Abbey Road fue tremenda, tengo horas y horas de videos registrados durante la grabación.

Con respecto a tu trabajo habitual, ¿Cuántos proyectos trabajas en simultáneo?
Aproximadamente 6 proyectos anuales. Puedo trabajar más discos, pero se termina estandarizando. Me gusta dedicarle tiempo a la mezcla, una mezcla artística. Normalmente cuando estoy pre-produciendo una banda estoy mezclando otro disco. Por ejemplo ahora estoy pre-produciendo a Folie, y estoy mezclado dos discos que tienen procesos distintos entre sí. Obvio, comercialmente te conviene tener 10 proyectos, pero como decía se termina estandarizando y eso a mí no me gusta. Admiro mucho a los productores independientes que pueden trabajar en más proyectos al mismo tiempo sin perder de vista el vuelo artístico.

¿Cómo ves el rol del productor musical en la industria actual?
Yo creo que en proyectos independientes todavía hay miedo al productor, hasta el momento en el que se trabaja con uno. Pero existe ese miedo o duda de parte de bandas que quizás todavía no trabajaron con productor o no grabaron ningún disco.  La experiencia de grabar un disco producido para mí es clave, y terminarlo, todo un mérito. Podes tener malas experiencias igual, pero de ambos lados, siempre puede pasar.

Con respecto al espacio, creo que hay trabajo. Pueden existir tantos productores como bandas, para mí no existe la competencia. Quizás existe la competencia desde lo laboral, pero no creo que desde el nivel artístico. Todas las cabezas son distintas, no todos pensamos igual y existen métodos diferentes de trabajar. Al fin y al cabo somos personas y funciona de esta manera. Y a una escala más grande existen muy pocos discos que no tengan la figura de productor colaborando en el proceso. Y si en un disco no figura el nombre de algún productor, no me cabe ninguna duda, que alguno de los músicos cumplió ese rol, o mismo el técnico que lo grabó seguramente algún aporte de producción habrá hecho.

Si tuvieras que elegir poder producir algún artista o disco ¿Cuáles serian?
De acá quizás me gustaría producir un disco de Bochatón. Me hubiese gustado participar como observador en la grabación de The English Riviera de Metronomy . No sé si me hubiera gustado producirlo porque me gusta como es, si yo hubiera intervenido seguramente sería distinto. Después por una cuestión más nerd, antes de que toda la técnica fuera digital y todo fuera multitrack, me hubiese gustado ver como se grababan los discos de orquesta, de Frank Sinatra por ejemplo, donde había mucha técnica artesanal. Ahora está todo muy automatizado.

FOTOGRAFÍAS POR TINA VIGNOLO
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