Mezcla y Sensación

Es un fenómeno conocido mundialmente, si bien en cada país es diferente, hay cosas que son tan exactas al formato original que generan un susto de exportación. Lo que es totalmente propio es el impacto que genera y sus consecuencias a largo o corto plazo en el público y su interacción con la escena musical. Obvio, como todo lo que pasa a escala masiva tiene mucho para analizar previa y posteriormente.

Este año se apostó nuevamente a pura mezcla y sensación, a pesar de tener un line-up partido en tres días, estuvo destinado nuevamente a sus clásicos dos. Las movilizaciones de distintos públicos y sus gustos tan disonantes son algo que logran aparecer y desaparecer en la mente de todos los que piensan en Lollapalooza en cualquiera de sus esferas. Quizás esta búsqueda organoléptica que tiene el line-up está mucho más potenciada que años anteriores, y la quinta versión del festival en Argentina trae distintas combinaciones que hacen explotar a más de uno.

Desde el lanzamiento en Chicago en 1991 del festival a cargo de Perry Farrell, el mentor y plasma pura de Lollapalooza, este fenómeno genera controversias y alegrías. Tanto Farrell a nivel internacional como varios productores locales, llevan a adelante una planificación, con tiempos anticipados y totalmente desfasados de la realidad, las elecciones musicales y estratégicas del show propio.

 

Comenzando abril de 2014 se realizaba la primera versión del Lollapalooza en nuestro país. Mucha expectativa por lo que pasaba con un viejo desconocido, cuáles eran los impactos, falsos profetas declarando un debut y despedida, y otras situaciones propias del sin saber. Una versión que anunciaba a todo culo la presencia de los Red Hot Chili Peppers, Arcade Fire, Soundgarden, y otros tantos grandes artistas propuestos a partir de estos enlaces de ganancias mencionados anteriormente. Todo era muy novedoso y emocionante, y bizarro si también queremos agregar al recordar a Perry Farrell chupando la bombilla y bailando un tanguito mientras recorría Buenos Aires.

La salida a la venta de entradas es algo interesante para entender el fenómeno del festival. A partir de los famosos Early Birds, los fans del show consiguen sus entradas sin saber qué es lo que van a ver, pero confiando en la propuesta del evento. Promoción con mucha anticipación y una estrategia marketinera que cada vez funciona más. Durante 2017 las preventas 1 y 2 se agotaron en menos de una hora de su inicio de venta al público.

Alejandro Fernandez Alves, quien participa de la entrevista de este mes en Cuánta, nos comentaba su opinión respecto al festival “Las grillas están armadas lógicamente en el plan de la masividad. En la gran masividad hoy en día cuesta mucho vender entradas, y el Lollapaloza está explotado, no hay más tickets.”

Quizás la oferta ilimitada de entradas a precios especiales, sumado a la incertidumbre con la que juega el monstruo, hace que invite al público a comprar sus tickets dentro de ese estadio de adrenalina imaginaria, también apoyado emocionalmente para algunos por filosofía barata del “si no me gusta después la revendo”.

Ramiro Flores es un músico, productor y compositor perteneciente a El Jardin de Ordoñez, banda de jazz-rock presente en el día 1, que se caracteriza por tocar música pragmática y tener dentro de la formación doble batería (al menos por el momento). Ramiro comentaba el fenómeno de la venta de entradas con tanta anticipación y el furor de los Early Birds. “Me costaría comprar la entrada de un recital en el cual no sé quién va a tocar. La particularidad de este festival es que no dicen quien va a estar hasta bien adentrada la venta de tickets. Quizá la gente confía en la marca y su curaduría. Me parece que el festival tiene músicas diferentes y a la gente le resulta interesante. Siempre tiene unos grupos que son modernos y no tan populares, y que le aportan una parte interesante, y también tiene otros grupos que son más mainstream y más rock pop. 

La mezcla no está solo dada para quienes presencian de forma pasiva el show, sino también para las bandas que forman parte de los distintos escenarios. Se mixean varios géneros músicales, artistas y grupos de distintas precedencias  y orígenes. Si bien estos tantos artistas no se cruzan entre ellos por la diversidad horaria de la grilla, el hecho de compartir un line multitudinario es significante, sobre todo para bandas en proceso de crecimiento.

Sobre esta conjunción daba su opinión  la banda que abre el escenario alternativo el día 2, Nene Almibar; “Nos parece una fiesta. Siempre vamos a estar a favor de la diversidad en la música, porque así es como se crean cosas nuevas. El contraste es muy necesario. También para ir contra esa idea de la rivalidad entre ciertos estilos y bandas, que no sirve para nada”.

Ramiro Flores desde su lugar expresaba “Está bueno compartir con estos grupos distintos que vienen, está bueno que la gente escuche música distinta a la que espera. Que tengan un poco de lo que quieren y tengan algo nuevo. Si hay algo inesperado nos abre los horizontes. Está bueno compartir con otras bandas porque también los grupos se van mezclando y nutriendo”.

Isla de Caras, banda que actualmente está terminando de mezclar su primer LP (que se calcula que saldrá este otoño) es otro de los grupos presentes en el line-up del Lolla.  Según los miembros de la banda, su propio sonido tiene que ver mucho más con algo orgánico aunque igual de experimental. “Isla de Caras es un poco eso, combinar lo mega digital con lo mega analógico”.

Para Isla, el atractivo del festival pasa por el conjunto de bandas logrado “El tremendo line-up que tiene no se puede creer. Cuando sentís que te acordas de todos los que tocan, seguro uno te está faltando. Y hay para todos los gustos y eso está buenísimo.”

Generar vínculos con otros artistas quizás sea parte positiva del balance que una banda puede hacer luego de pasar por el escenario. Pero el verdadero objetivo probablemente sea entrar en contacto con ese público que todavía está por descubrir algún sonido que no conocía, que recuerden la banda y que se sumen a su movida.

Una de las bandas de la escena independiente que también participa es El Zar, quienes dicen gustarle la concentración de música en esos 3 días donde conviven bandas consagradas con bandas emergentes. Para bandas como El Zar es importante poder participar de un espacio donde la mezcla de públicos sea parte y nos comentaba que “Van muchos pibes y pibas que recién empiezan a ver bandas y gente más grande también, para nosotros es una súper oportunidad de que nos conozca público nuevo. Hay música por todas partes y después de ahí conoces cosas nuevas o ves bandas que ya escuchabas.”

El line-up presenta algunas bandas de la escena emergente, o quizás bandas jóvenes que están encontrando su lugar y sumando público con el paso del tiempo. Quizás en la cuenta no haya tanto espacio para el under y desde el lado artístico no hay un riesgo traducido en posibilidad. Pero depende la perspectiva de donde se lo mire. El equilibrio se ve en cuestiones de géneros musicales, magnitud de expectativa, afinidad de públicos y otras cuestiones que orientados por intereses y otras cifras seguramente sean analizados con precisión.

Alejandro Fernández Alves también nos daba su opinión sobre el circuito local y la interacción con el festival “Veo que el circuito es muy chico, no hay ninguna banda que no se conozca y eso llama la atención. Todavía hay algo que no deja meter a bandas más independientes o de salas de ensayo en lugares mainstream. Creo que también pasa por una bajada de línea de los medios. Si vos prendes la radio y no escuchas bandas independientes, como van a vender tickets en masividad para tales bandas. La manera en que funciona la globalización mediática para que eso venda entradas tiene un techo, y el techo deja afuera a un montón de bandas del circuito y es lógico. Si no tendrían que hacer un festival de 100 días”

La mezcla de bandas, gusten o no musicalmente, genera explosiones sensoriales. El disfrute quizás pase por muchas cosas, pero respecto al oído y lo sonoramente transmitido se considera que puede verse alterado. Se pasa de estar escuchando algo súper alternativo, panchito vegano de por medio, y después te cruzas a algo más popucool un rato. O estar saltando al ritmo electro de un DJ para salir a ver a una niña pop. Probablemente presenciarlo todo fuera del acostumbramiento de un estilo o artista sea más chocante, significativo y poco reiterativo. El sentido auditivo puede estar preparado o no, y al mismo tiempo es un ejercicio buenísimo. La conjunción de esa mezcla es particular, pero genera sensación, de eso no hay dudas.   

GRACIAS GERARDO TASSAN
FOTOGRAFÍAS POR PANDORA
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