PYRAMIDES

Una idea clara: post-punk, sonoridad ochentosa, vibra lo-fi, y generación de climas. Música que podría funcionar muy bien en el pasado, pero que lo hace aún mejor en el presente. Identificarla con bandas del post-punk internacional sería acertado, pero no prudente. Pyramides existe en el acá y ahora: en una movida, con un sonido preciso y la mente en Buenos Aires. El 2017 fue su año, lanzaron su primer álbum “Vacíos y Variables”, recibiendo críticas muy positivas, no solo de la prensa sino también – y principalmente – del público.

Una tarde de domingo, tuvimos la oportunidad de juntarnos con cuatro pirámides para Cuánta Rock, y hablar un poco de su pasado, presente y futuro y sobre todo, de sus ideas y su forma de encarar el proyecto musical.

Carne y hueso

¿Quiénes se esconden atrás de una obra, de un disco cerrado, de un link de Youtube, de un perfil de Spotify? Personas vivas y reales tocando instrumentos, cada uno con su impronta y personalidad musical particular. Pyramides es una banda gestada en Avellaneda y conformada por Facundo Romeo en guitarra y voz, Alonso Romeo en bajo y voz, Jonathan Chendo en guitarra, Andrés Centhrone en batería y Hernán Molinari en sintetizadores.

Auto-definiciones

“Pyramides es un caos ordenado” – auto-define a la banda Facundo, con la mirada al suelo y sentado en una mesita ratona. No podríamos estar más de acuerdo.

Los comienzos

La penumbra de un cuarto, una computadora, instrumentos y un pucho tras otro. Así nos imaginamos los primeros pasos de las canciones que más tarde se convertirían en Pyramides. La habitación de Facundo fue el punto de partida de la carrera. Él ya había producido ska, rock y música electrónica, hasta que un día fue explorándose a sí mismo a nivel compositivo, produciendo más y más canciones por su cuenta: “Pasé por varias etapas de composición hasta que usé eso para hacer una banda, que nunca lo había pensado antes a ese nivel real de componer todos los temas, sino que lo hacía para joder”. Luego de pasar por un montón de bandas de distintos estilos, Facundo compuso y produjo una serie de temas desde su cuarto que derivaron en un demo. Su amigo, Cristian – y primer bajista de Pyramides -, al escucharlos le dijo: “boludo, estos temas tenemos que hacerlos, están buenísimos” y con ese empujón se comenzó a pensar la idea de una banda. Yendo de la habitación al escenario, con personas de carne y hueso. “Fue por él que Pyramides se formó. Fue él el que me dijo de activar” – contó Facundo.

Alo – Chendo – Facu – Andy

Y la formación cambió muchísimo desde sus inicios hasta el día de hoy. Alonso – hermano de Facundo –   se incorporó a la banda a la semana de su regreso a la Argentina, luego de viajar por el mundo unos años, solo que en un primer momento como tecladista. En el mismo ensayo también estaban probando en la batería a Andy, y casualmente, el bajista al segundo ensayo decide irse de la agrupación. Alo ya tocaba el bajo – había tocado en Temporada de Tormentas – y entre fines de 2015 y principios de 2016, la banda quedó conformada como está ahora: “A los 2 meses ya estábamos tocando en vivo”.

¿Y cómo fue pasar de la primer formación a un segundo grupo más conformado? “La otra formación era más a la fuerza, onda ‘bueno, dale, vamos a tocar’. Y no se entendía mucho la dinámica. La pasábamos bien igual, pero era todo más descuidado. Ahora estamos tocando de una manera en la cual yo se cómo Andy mira la batería, cómo es Chendo en la viola, Alo está re presente conmigo adelante en el front, y las teclas son claves para que todo se acomode”cuenta Facundo –  “Está todo más pensado, es otro mambo y laburamos por capas, por climas“ – agregó.

Vacíos y Variables

10 canciones conforman el primer álbum de la banda, “Vacíos y Variables”. 35 minutos, disco corto, que hace pasar el tiempo en cámara lenta. La vida pasa por adelante de tus ojos, pero las agujas del reloj se congelan. Entre pasajes oscuros y tintes melancólicos, la vibra lo-fi y ochentosa es notable y el sonido es conciso. El post-punk te hace moverte de un lado al otro, es fuerte, rápido, pero transcurre lentamente: el viaje se hace más suave.

Y ellos no lo entienden. Ese es uno de los versos de “Afuera”, el track que abre este sólido material, para continuar con “Mia” – el ‘hit’ del disco – Los teclados de “Caos/calma” generan esperanza, y la batería es como si de repente viajaras en el tiempo a los 80. La progresión de acordes es digna de un coro sumamente pegadizo que canta “así es, así es, así e-es”, entre aires a The Cure y Joy Division. El LP sigue con “Sol del invierno”, una canción de ecos y delays –  sobre todo en las voces – que te hace sentir sumergido en una especie de cápsula.  “Ecos” comienza con punteos de guitarra y ritmos de batería repetitivos para que después de minuto y medio de una intro digna de disfrutar bajo el efecto de estupefacientes, nos sorprendamos con la dulce voz de Mora Riel (guitarrista y vocalista del dúo Riel), que genera el contraste perfecto al sumarse la voz de Facundo mientras cantan a dos voces. Rápidamente pasamos la mitad del disco y ya estamos escuchando “Mitades”, ingresando a las melodías con un punteo de bajo atrapante. “Santuario” es tal vez la que lleve el ritmo más lento del álbum, con un instante intacto, y un final abrupto. Lo siguen “Contraluz” y “Cuadros en blancos”, para así entrar en “Desaparecer en el gris”, transportando a una tarde lluviosa deambulando por las calles de la ciudad, pensativos, sin rumbo.

“Vacíos y Variables” es uniforme, conciso, sólido. Es prolijo, y es una historia que tiene principio, desarrollo y final. Escuchar canciones sueltas no sirve, su magia está en la totalidad como obra. Te va llevando por distintos climas, mientras la secuencia transcurre a modo película.

Lo más destacable del álbum es su flexibilidad: el poder ser escuchado en un momento sumamente triste, como también transmitirte la mayor de las felicidades. Los equilibrios se llevan bien.

El mismo fue grabado en Sale La Luna (Boedo), y producido por Ignacio Castillo. “Además de ser un amigo y el líder de Temporada de Tormentas, es un tipo que sabe, que nos gusta la música que hace, y con quien tenemos una conexión fluida a la hora de trabajar” – contó Facundo a Cuánta Rock. “Con él laburamos las maquetas que Facu hacía en su casa y a producirlas a nivel realidad: tocarlas. Ignacio sumó un montón de arreglos que nosotros les fuimos dando nuestro color, pero fue producir sin parar durante 8 meses” – agregó Alo. “Fue como un integrante más de la banda, y se nota su impronta en el disco”.

A la hora de grabar se eligió un estudio con equipos analógicos, que coincidieran con la sonoridad buscada por la agrupación, pero aún así el material final terminó siendo de alta fidelidad: “El modo de grabación fue con equipos más analógicos, pero terminó sonando hi-fi por el proceso de masterización” (a cargo de Brian Iele).

El sonido

Pyramides retoma una sonoridad de décadas pasadas, y de un estilo en particular que no estamos acostumbrados a ver tan explotado en la escena independiente actual. Lo hacen con altura y calidad, sonando con aires a bandas post-punk internacionales de los 80 pero con una impronta muy propia: “Somos melómanos mal y tenemos el mapa más o menos armado en la cabeza de cómo hacer esta movida ochentosa. Sabemos qué botones tocar.  O también nos sale de adentro, el generar estos climas que son bien piramidales, y después improvisar. Es moldear algo en el momento, pero todos tenemos un criterio unido, es fluido. Compartimos un montón de música”.

Al escuchar su disco, se nota que todo tiene un por qué. No son temas librados al azar, ni escogidos porque sí. Cada canción genera una sensación diferente y si bien todos están atados por un mismo hilo conductor, ninguno es igual al otro, y en esa premisa se basaron y basan a la hora de armar sus materiales: “Nos fijamos que todo cumpla un lugar y que no haya temas que repitan la misma intensidad en un disco, sino tratar de ir haciendo una obra, más que hacer temas que podamos tocar y que estén buenos”.

La voz de Facundo es lo primero que resalta al escuchar Pyramides, cantando líricas poéticas y oscuras: “Las letras salen sin pensar, vomito cosas, canto y no entiendo nada” – nos dijo acerca del proceso, entre risas. Y, agregó, que muchas veces no sabe de qué está hablando la letra que él mismo compuso hasta pasado mucho tiempo: “Me doy cuenta lo que quise decir después de cantarlo como 20 veces. Es loco, porque se mis propios trucos para poder entrar a mí mismo y hacerme sentir algo”. ¿Y de qué hablan las canciones? “De culpa, de todas las cosas que podrían haber sido diferentes, o analizando algo de una manera muy oscura”.

Canciones que nacen de maquetas. Del trabajo de Facundo en un cuarto: “sentarme con un cuadernito y una guitarra criolla no es para mí, nunca me va a salir. Tiene que ser sin pensar” – Ideas que parten de ahí pero que luego se van transformando y resignificando en la sala con un grupo humano: “Tengo todo para grabar en casa, a veces termino una idea en 40 minutos. Después puede ser que en la sala la terminemos haciendo mierda, pero al menos ya tenemos algo” – agregó. La química entre los 5 muchachos nunca falta, y a la hora de ensayar no paran de jugar: “Improvisamos muchísimo en sala, es lo que más nos divierte. Decimos ‘bueno basta vamos a ensayar la lista’ y una vez que empezamos la re disfrutamos pero al principio no podemos parar de jugar. Estaríamos tocando un montón de tiempo”.

Y había una pregunta que no podíamos dejar de lado, motivados por la cantidad de comentarios en Youtube comparando a Pyramides con Soda Stereo, ya que nunca habíamos percibido a la banda con ese estilo. ¿Qué onda ustedes con Soda Stereo? “Es de coté, nunca lo planeamos y nunca curtimos ese sonido. Nunca apuntamos a eso” – nos dijeron.

La movida

El territorio es innegable. Pyramides tendrá aires a bandas internacionales, pero siempre parados en el acá y ahora, con un sonido propio y curtiendo junto con un montón de bandas que la rompen dentro de la escena underground. Ya no estamos frente a la presencia de agrupaciones que están bien. Estamos frente a grupos originales, con improntas únicas, que hacen música que – si bien nos remontan a otra cosa –  no podemos encontrar en ningún otro lado. Y Pyramides es una de ellas.

“El under va a empezar a ser como el próximo mainstream, va a haber un recambio de bandas y las bandas de más abajo van a subir escalones” – dice Andy – “Me parece que ese recambio de bandas va surgiendo hacia la superficie, y una vez que estás ahí, en el plantel titular, tenés que demostrar que se puede, que te podes mantener ahí con material fresco. Vemos bandas como Atrás hay truenos, Riel, Mi Nave, Queridas y son bandas que están buenísimas. Atrás hay truenos es lo mejor que hay en la Argentina para mí. Y antes ibas a ver a una banda y decías ‘ah, qué buena que está’ y nada más, pero ahora me doy cuenta que hay música re-buena en Argentina” – agrega Facundo.

Tener una banda independiente y autogestiva no es tarea fácil. Es trabajo desde la primera a la última instancia: “Pyramides es 24/7. Es un laburo de todos los días, a toda hora” – “Hay que mantenerse fuerte para seguir adelante. Eso es ser una banda independiente: laburo”.

Los planes

Parar no está entre los planes. Siempre seguir adelante. En cuanto a lo musical, los chicos nos cuentan que están jugando un poco más en las nuevas composiciones: “Estamos queriendo un poco cambiar de roles en los temas nuevos, que haya dos teclados, una batería electrónica, y meter más dinamismo”. Y en lo concreto, los Pyramides ya tienen la cabeza fija en un segundo LP “queremos hacer un lanzamiento este año así que estamos de a poco concentrando las energías en darle para adelante a producciones nuevas”.

Allí estaremos, expectantes esperando su próximo paso.

El 15 de mayo se van a estar presentando junto a The Drums en Niceto Club.

FOTOGRAFÍAS Y RESEÑA POR TINA VIGNOLO

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