archipiélagos

Verlos juntos es como ver a un grupo de adolescentes interactuando: entre chistes, risas, y charlas que comenzaban y solo terminaban porque tenían que hacer una entrevista. Sino seguían ahí horas, en su mundo. Frescos, un poco tímidos, pero contentos. Finalmente, Cuánta Rock, tuvo la oportunidad de conocer en persona a los chicos de archipiélagos – así, en minúscula, como ellos mismos se presentan, al igual que los títulos de todas sus canciones- una de las primeras bandas en impulsar el reflorecimiento de la escena math-rock en Buenos Aires.

Carne y Hueso

Cada vez más, los grupos musicales se nos presentan en internet como un ente. Como un perfil de Spotify, como una página de Facebook. Y a veces olvidamos que detrás de esas imágenes y esos perfiles, hay personas reales. Archipiélagos son Brian Duffau en bajo, Facundo Fritzler en voz y guitarra, Sebastián Ayala en batería y Diego N. Fraga en guitarra, cuatro jóvenes de la ciudad de Buenos Aires.

Sebastián – Diego – Facu – Brian

Auto-definiciones

 “debería ser mejor”  – consensuaron con una sonrisa los cuatro.

Los comienzos

Dieron sus primeros pasos en 2013, originalmente en formato trío y como una banda netamente instrumental. Hasta que un día Facundo cayó a un ensayo junto a Seba y empezó a cantar algunos temas. Al guitarrista de ese entonces, Tin, le pareció una buena idea que se sume como cantante, pero a Facundo no le terminaba de cerrar: “bueno, canto, pero si toco la guitarra también”. Y a partir de ese consenso, comenzó a consolidarse archipiélagos como lo conocemos hoy. En ese entonces, teniendo unos primeros 6 temas bajo la manga, y ya en formato cuarteto, los chicos se pusieron en marcha para la grabación de un primer material.

Los materiales

“ep” (publicado así en su bandcamp) fue el primer material que nos presenta la banda, allá por 2014, conformado por cuatro canciones. A partir de este EP empezamos a introducirnos en archipiélagos, con su base math-rock y sus tracks – prácticamente, pero no totalmente –  instrumentales. Lo abre “rombos”, para luego encontrar una trompeta por aquí y allá en “bonsái” y “ciencias naturales”, en donde se suman algunas voces. En “Amalita” – que le da cierre al material y es además el ‘hit’ del mismo – también nos encontramos voces que gritan “amalita what you say?”, y guitarras complementadas a la perfección con los cortes de batería. Una batería que va desapareciendo, golpe a golpe, para cerrar esta obra corta pero preciosa.

En su hermosa portada, realizada por Roberta Di Paolo, encontramos un dibujo de una piña de pino con fondo cuadriculado y pinceladas de pintura. Ninguna inscripción. Dejemos que la música hable por sí sola. Y lo hace. Escuchar este primer material de la banda nos invade de frescura y se presenta como el soundtrack ideal para escuchar mientras caminamos en un día soleado de otoño: con preocupaciones, pero sabiendo que todo va a estar más o menos bien para cuando termine.

 “Al momento de grabar el EP fue medio aprender esos temas porque habían cosas que a la hora de grabar no estaban completamente cerradas” – contó Sebastián a Cuánta Rock sobre el proceso en el estudio. Grabado en el home-studio de Matías Agustín Luzi Oyhandy en Colegiales, los archi agregaron: “Matías escuchaba la misma música que nosotros y entendió perfectamente lo que queríamos hacer. Cuando recién arrancamos había muy poca gente que entendiera más o menos de qué iba la banda. Ahora ya hay más grupos que nos identifican sonoramente y una escena que es coherente con lo que hacemos, pero cuando arrancamos era más raro” – nos comentaron acerca de la búsqueda sonora de esta primera muestra de la agrupación.

Un año después, la banda nos presenta  un álbum Split junto a dos bandas amigas con quienes comparten la misma sintonía musical, Hungría y Dislexia Free.  Las 3 bandas decidieron aportar 3 canciones cada una para el disco en conjunto, siendo, por parte de archipiélagos, “furioso D”, “akira” y “minet”.“Las otras dos bandas que forman parte del Split son justamente las dos bandas con las que se hizo la primera fecha de archipiélagos. Son bandas con las que nos hicimos amigos después de tocar mucho juntos” – contaron.

Y no solo fue un divertimento entre amigos, sino que este Split sirvió para darse a conocer entre sí, y los distintos públicos de las agrupaciones. Hungría, Dislexia Free y archipiélagos comparten una misma base, un mismo género. Pero al mismo tiempo no tienen nada que ver entre sí. Cada una tiene su impronta, su identidad, y eso se nota al escuchar el disco. Notamos la coherencia y el punto de conexión, pero cada una resalta por factores diferentes, y eso es lo que hace al álbum tan rico e interesante. “Nadie esperaba que la gente lo escuchara tanto, era como un juego entre nosotros y terminó saliendo muy bien. Se terminó ubicando bastante dentro del público que hace esto acá y sigue a las bandas” – nos dijo Brian sobre la rápida escucha y viralización del mismo. El arte de tapa del material fue también una de las razones por la que el público lo identificó rápidamente: “lo del helado salió medio en joda” – dice Seba a Cuánta Rock, entre risas – “fue como bueno: somos 3 bandas, los 3 gustos del helado, y quedó”.

Y parece que la pasaron tan bien haciendo un primer Split, que decidieron llevar adelante otro al año siguiente. En 2016 publican un segundo material compartido, conformado por tan solo dos canciones: “araucaria”, de parte de archipiélagos, y “en una” por Diente de Oro, otra banda amiga. Pero no se presenta de la misma forma que el Split previo, ya que este tuvo como premisa desde un primer momento, lanzarlo en un vinilo de 7 pulgadas: “El tema que grabamos lo teníamos hacía como un año. Dijimos “che, estaría bueno grabar un 7 pulgadas, bueno, grabemos un tema cada uno – con Diente de oro – y pongamos un track por lado”. Al estar muy apegados a lo que es la cultura emo y hardcore, la cual está muy cerca de la edición en vinilo, las bandas veían esta posibilidad como algo casi soñado, el tener tu creación en tus manos y en ese formato único: “fue como una meta personal, todos coleccionamos vinilos y decir ‘che, mi música está en vinilo’ y era el fetiche propio de tenerte a vos mismo sonando en un disco” – agregaron, cuyo arte físico también es bastante particular, siendo sobres de papel madera pintados a mano, haciendo cada copia única.

El mismo lo pudieron tener en sus manos a fines de 2017, luego de varias demoras y problemas en relación a la realización. “Fue bastante problemático el Split y se demoró eternamente, hubo cambios de formación en el medio, y cuando surgió la idea de hacerlo fue como ‘ah, son dos temas, cuánto nos puede llevar?’, además de que ambas bandas sufrieron reestructuraciones en el medio, ayudando a demorar la edición del material.

El sonido

“Las bandas que hacen esto acá”, “este tipo de música”, “esto”. ¿Y a qué se referían con “esto”? Este tipo de frases utilizaban los archipiélagos constantemente para referirse a un estilo de música en particular con el cual ellos y toda una escena de bandas se identifican: el math-rock, un género que tiene como influencia el rock progresivo, que se caracteriza por tener tempos raros en sus canciones y estructuras complejas, además de ser prácticamente instrumental. Se juega con los choques, pudiendo tener una melodía de guitarras muy armónica y suave, para luego ser explotados con un riff distorsionado y voces roncas.

Pero archipiélagos, si bien se puede englobar dentro del math-rock, destaca y marca la diferencia. Todo cumple su función y todo tiene un porqué. Nada sobra ni hace falta, los 4 instrumentos (y 5, por momentos, cuando suman una trompeta) se complementan precisamente. Y los “errores” que podemos encontrar en sus canciones, son los necesarios: transmiten esa dosis humana entre tanta perfección. Entre tempos y estructuras a los que no estamos acostumbrados, archipiélagos hace bien. Sana. Inspira. Donde no hace falta una voz que esté presente en absolutamente todas las composiciones para decir y transmitir mucho. Una guitarra con una melodía puede decirnos mucho más que las palabras. Y archipiélagos lo sabe perfectamente.

“No es una decisión consciente usar pocas voces, medio que salió así. Se fue dando naturalmente” – nos cuenta Seba, en donde Brian, recordando los comienzos, suma:  “Y al principio fue no cantar. Los temas estaban pensados netamente desde un lugar instrumental. La idea de meter más voces fue más de Facu y Sebas, y ahora no tanto, pero cuando empezamos era muy difícil meter una parte con voces”–  y agrega, acerca de la inserción de Facu como cantante “fue una prueba que salió bien y después nos empezamos a ablandar a la idea de meter cada vez más voces. Facu al componer más también se fue haciendo el espacio para cantar más y fue algo bastante natural para todos. Nadie lo cuestiona”. Y las voces que encontramos en archipiélagos no son cantos melódicos, a veces son gritos o balbuceos de segundos que se presentan como formas, como una irrupción: provocan un choque sonoro necesario que queda bien y le da un valor agregado a las canciones. “En lugar de estar centrados en la letra, nos centramos en la música y la letra es algo complementario” – remata Sebastián.

El vivo

Y si bien personalmente soy una defensora de las grabaciones de estudio, creo que el fuerte de archipiélagos se esconde en el vivo. Tuve la oportunidad de verlos varias veces, una vez en Naranja Verde y otra en el Oceanario, y puedo asegurarles que, hasta siendo presentaciones completamente diferentes, cada una de ellas me dejó más manija que la anterior. Lo primero que impacta es el público, conocedores de absolutamente todas las canciones que interpreta el cuarteto (esto se hace notar al escucharlos cantar todas las melodías de guitarras, los golpes de batería y las pocas letras que tienen), es movilizante. Nadie se queda quieto. Y si te querés quedar quieto, andate directo al fondo, porque la marea te lleva. “Al estar tocando hace unos años, hay personas que se saben los temas, hasta hay temas nuevos que ni están grabados que de alguna forma se lo aprendieron” – nos contaron. El público funciona como un integrante más. “Lo que tiene de bueno el usar pocas veces es que la gente se aprende los temas al toque y cantamos todos juntos. Y medio que se generó eso de que el público es un integrante más cuando llegan las voces”. La interacción con la gente y la energía es clave en las presentaciones. Y si bien es un público pequeño, al mismo tiempo es muy grande. Son un grupo de personas fieles, que bancan y apoyan a la banda en cada movida.

Del lado de la banda, al verlos tocar, se siente como que no hay un front. Tal vez sea por el bajo perfil de todos, o porque nadie es más importante que el otro. Cada uno pone lo mejor de sí. Hace poco tiempo, además, sumaron al gran Santi Nerone como trompetista para sus presentaciones en vivo, dándole un plus de calidad a sus shows.

Los planes

“Estamos en plan de componer mucho”. Luego de 3 años de no parar de tocar, decidieron hacer un parate de shows para concentrarse en la composición de canciones que en un futuro integrarán el primer disco de la banda. Sin tener aún nada muy definido, los chicos nos aseguran que van a grabarlo sí o sí este año. También, nos sorprendieron contándonos que “Todos los temas nuevos tienen voces. No son en formato canción pero las voces son como un elemento más”. Teniendo ya unas 8 canciones nuevas que forman 40 minutos de música, nos dijeron “La idea es que cuando esté el disco completo se escuche desde el principio hasta el final de una manera que sea llevadero, que pase por distintas intensidades”, y agregaron, que en cuanto a la grabación “estamos viendo si grabar en vivo, lo cual es un desafío. Antes siempre lo hicimos por partes, pero aún no hay nada definido”. Nada definido. Pero un LP, eso seguro. ¿Y un vinilo? Ojalá. Tendremos que guardar las ansiedades en el cajón y ver con qué nos sorprenden en un futuro.

Y si bien los archipiélagos se encuentran realizando shows muy esporádicos, y te quedaste con la intriga de conocerlos en vivo, podes hacerlo este sábado 9 de junio en Casa Dasein, donde se estarán presentando junto a dos bandas amigas, Hungría y Malviaje.

RESEÑA Y FOTOGRAFÍAS POR TINA VIGNOLO

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