Alfonsina: “El sonido del primer álbum ya no me interesa”

Alfonsina es una artista uruguaya que en 2014 nos presentó su primer álbum, “El bien traerá el bien y el mal traerá canciones”, un disco con espíritu adolescente y  colmado de frustraciones y rabia. El año pasado, publicó su segundo material, titulado “Pactos”, marcando un quiebre total en relación a ese disco adolescente de una primera etapa. “Pactos” demuestra el renacimiento de Alfonsina, colmado de elegancia e introspección. Alma, cuerpo y mente están presentes al 100% en esta última producción, que la trajo una vez más a la ciudad de Buenos Aires.

Fue así que Cuánta Rock tuvo el agrado de charlar con Alfonsina sobre su trayectoria, su último álbum y su paso por la Argentina.

Sabemos que tu primer disco fue en el 2014. ¿Cómo arranca tu carrera musical?

Como solista. Cuando me preguntan eso de “cómo arranca”, yo pienso que la música fue como una consecuencia de la poesía. Empecé cuando era chica escribiendo a raíz de que mi abuelo, que escribía cuentos y poesía, me mandaba cartas de otro departamento en el que él vivía. Hoy en día pienso que poesía es un arreglo de bajo con batería, un arreglo de una palabra con su significado, de cómo se relaciona con la palabra que viene después, o con el arreglo de guitarra que viene después, o un color y otro.

Yo no estudié canto. Estudié un poco de guitarra y un poco de teclado porque quería poder tocar las canciones de bossa nova que me gustaban. Cuando salió mi primer disco empecé con Bellas Artes, y no me imaginé que podía ser algo tan importante en mi vida. Cuando era chica, fui a una escuela que tenía actuación, canto. Yo creo que eso fomentó.

¿Cuándo es el momento en el que comenzaste a mostrar tu arte?

Empecé a hacer canciones y no las cantaba delante de nadie ni loca. A las personas que me escuchaban, que eran muy amigos, les pedía que se dieran vuelta para poder cantar. Lo que me sucedió para salir a tocar estas canciones fue que conocí a un productor, que es Tricky, lo conocí trabajando, un día que él tocó en La Trastienda en Montevideo, y terminé audicionando para él y a punto de ser la vocalista de su siguiente gira. Tricky es el pionero del trip hop e integrante de Massive Attack. Fue un antes y un después para mí.

Me preparé meses para esa gira, hice un montón de grabaciones, ahí entendí que mi vida había cambiado, y que la música iba a ser el lugar al que iba a dirigir todos mis esfuerzos. Esto era 2009, 2010. Pero cuando nos estabamos por ir de gira, luego de meses de prepararme, me llega un mensaje que decía “this is not gonna work out”, y al otro día vi que abrían una audición en Londres y que pedían cantantes que tuvieran pasaporte europeo.

 ¿Cómo tomaste la decisión de dedicarte a todo eso?

Fue decantando. Él me fue inspirando. Cuando yo lo conocí, más allá de la propuesta de trabajo, como que me referencié en sus ojos como nunca me había referenciado en nadie. Como que vi a un poeta, que era instransigente, como que no hacía otra cosa que ser un poeta. Y yo estaba  buscando qué era lo que iba a hacer, y no encontraba mi vuelta. “Trabajaré en algo de cine, quizá en publicidad”, pero nunca pensé que iba a hacer una carrera de la música. Pero él ya me cambió en ese momento. No es una decisión que tomé, si no un proceso que se fue haciendo a partir de ese encuentro.

De todo este camino, ¿te arrepentís de cómo fue?

No, ¿cómo me voy a arrepentir? No sé si es como tenía que ser, pero es como fue. Y valoro eso. Está por encima de mí juzgarlo incluso.

¿Y esto como sigue? ¿Cómo arrancaste a tocar?

Cuando se cae esa gira, yo sentí que ya había cambiado para siempre. Por una lado había una dirección muy clara, pero por otro lado había un montón de frustraciones. Me estaba por ir de gira como cantante, y ahora no. “Y bueno, poneme en cualquier lado”. Arranqué por rabia, por frustración.

En aquél momento los shows eran a guitarra y voz, era shows torpes en algún sentido. Agarraba las canciones que tenía, que habían nacido en mi encantamiento con el jazz y con la música brasilera, con Eduardo Mateo, João Gilberto, tambien Lou Reed. Todo ese sonido cálido, contrabajo. Esa onda marcó mucho el primer álbum. Eran esas cosas por las que me movía, y los shows tenían que ver con eso.

En ese momento, ¿ya estabas decidida en dedicarte 100% a la música?

Ahí estaba más jugada que decidida. Comencé a trabajar en televisión en algunos programas como vocalista y me di cuenta que no tenía lo que se necesitaba para ir por el lado de la publicidad. Agarré plata de esos trabajos e hice mi primer disco.

A partir de lo que pasó con Tricky, el que maneja La Trastienda allá, que quedó muy entusiasmado con la situación, nosotros ya habíamos estado hablando de música y todo, me dice: “Bueno Maceo Parker viene el mes que viene, armate una banda y abrile”. Y ese fue el primer show que hice con banda. Fui así como una descarada porque llamé a los mejores músicos que había en Montevideo, porque para ellos estaba buenísimo porque era abrir para Maceo, y pudimos hacer ese show que tenía temas míos y algunos covers.

¿Cómo fue el trabajo con la banda?

Difícil. Al principio trabajé con gente que era bastante más grande que yo, que tenía un montón de experiencia, músicos sesionistas de allá que son muy buenos, pero también con sus opiniones muy formadas. Entonces para lo que yo quería traer que era otros sonidos, era muy difícil negociar.

El primer disco ya no lo escucho más, no me interesa ese disco, el sonido del álbum no me interesa, y siempre me quedé con ganas de producir un álbum. Ahí hice mi segundo disco, para el cual grabé un montón, y luego pensé que iba a llamar sesionistas para que regrabaran, pero me di cuenta de que no. Que yo quería tocarlo así. Que ese era un trabajo honesto, y que realmente estaba dando todo lo que tenía para dar como productora. Lo dice el nombre, el primer álbum se llama “El bien trae al bien y el mal traerá canciones”, es como aprender a los porrazos. Y el segundo se llama “Pactos”, ya hay un acto de diálogo. Para poder dialogar tenés que estár parado en saber lo que querés.

¿Y que nos podés contar de las diferencias desde lo musical entre ellos?

El segundo es como más propio. Se vuelve más exótico. Expresa mucho más la peculiaridad de existir que el anterior, que está como más estandarizado en materia de arreglos. El segundo es más personal.

¿Cómo encarás el modo de trabajo?

Es mi primera producción. Yo lo arreglé, lo compuse, lo toqué. Le hice arreglos hasta a la batería. Hice como poesía para mí pero con los instrumentos. Quise hacer una bajada de una transformación personal muy fuerte que surgió entre un disco y otro. El primero tenía como una visión de que había un destino de alguna manera, de que todo naturalmente llevaría a buen puerto. Pero no fue así, me encontré con una cantidad de cosas que había que trabajar. Entonces “Pactos” es como que vuelve a hacerte cargo de la responsabilidad que tenés para continuar tu camino.

Además, si mirás la tapa del primero hay como una indefinición, está como la cara sacudida, el pelo tapa la cara.  Este último álbum tiene lo concreto, lo que tengo alrededor. Quiero el mundo real que me rodea, comunicarme más con el mundo concreto y no irme en ideas como me iba antes.

¿Cómo te encontraste con el público y con la escena de Uruguay?

Al primer álbum le fue muy bien en Uruguay. Se acercó un montón de gente, fue una muy linda forma de empezar. El segundo fue un quiebre absoluto. Toda la gente que quería escuchar más del primero, no lo tuvo, entonces fue un choque. Y sigue siendo un choque, porque cambió absolutamente el público y está cambiando. Porque el primer álbum tiene mucho peso de la letra, y el segundo lo que propone son espacios para que entre lo dicho y lo no dicho, entres “vos”. No admite una escucha perezosa. Hay gente que no quiere eso, quiere que le cuente una historia adolescente y seguirla. Y yo no puedo, porque no soy una adolescente, estoy haciendo una investigación artística acerca de la identidad, del amor, del deseo, del misterio, de la inspiración.

¿Consideraste este cambio de público?

Uruguay no es un lugar en el que vos digas “bueno, con esto voy a ganar”. Queda mucho lugar para que vos seas libre artísticamente, no tenés un compromiso, nada te asegura que te vaya a ir bien. Entonces no importa, hacé algo que sea realmente profundo, realmente bueno, hacé un aporte a tu cultura. Todos tenemos esa libertad de crear un universo sonoro, de expresarnos desde la textura, el arreglo. Re invito a otros artistas a que no teman a hacerse cargo de esto, porque es decidir lo que te está vistiendo poéticamente.

¿Qué nos podés contar sobre la movida de Uruguay en general?

Hay buenos músicos, es una movida con buenos artistas, pero hay un público que todavía está atrasado, un público que quiere escuchar discos viejos de No Te Va Gustar para siempre. En ese sentido es un público que va muy lento y que necesita aggiornarse. Pero los artistas que están conectados por internet, ven a otros artistas y se inspiran. Los artistas están mucho más adelante. Lo que falta es eso, que el gran público se mueva un poco de los trabajos viejos de las bandas. Hay mucho lugar de repente para Rombai, para Marama, esos son los proyectos que van bien.

Tal vez por una cuestión de ser todos inmigrantes europeos, no saber bien de dónde se es, estar mirando para afuera. Es una actitud que te vuelve melancólico. El artista uruguayo y la persona de Uruguay tienen una tendencia a la melancolía, un anhelo a una cosa que está lejos. Y en la cultura también pasa un poco eso.

¿Ya habías venido a Argentina?

Vine varias veces en mi etapa anterior. De hecho fue en Buenos Aires donde un día me encontré tocando a guitarra y voz y me di cuenta que no quería hacerlo más, como que terminaba una era. Y luego me llevó como un año y medio volver. Estuvimos en La Tangente, en Roseti, compartimos un rato en Matienzo, todos espacios como muy “burbujeantes”.

¿Y cómo ves la movida en Buenos Aires?

Cuando se viene de afuera se tiene visiones que pueden ser distorsionadas. Yo estoy alucinada con la apertura, con el nivel de las artistas, la escucha del público, la cultura. Tienen facilidad con las palabras, una sensibilidad poética muy linda en esta ciudad. Yo estoy gratamente sorprendida. Y vas de un palo a otro y todos tienen tremendo nivel. Veo un público más abierto, con la oreja para distintos sonidos y más curioso, y eso es algo que valoro tanto.

FOTOGRAFÍAS POR PANDORA ESTUDIO FOTOGRÁFICO

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