Anómalos

Cuánta, de la expresión más allá. Hay mucho por encontrar dentro de las esferas musicales del rock. Lo que se engloba, se agrupa o se etiqueta, muchas veces trae sus frutos en poder encontrar circuitos desarrollados con sus propios códigos, ambientes y actores. A nivel mundial se desarrollaron distintos géneros que fueron dejando sus huellas en varios espacios musicales, algunos más underground que otros.

El math-rock es un estilo de música surgido en los años 80’ que tiene como principal influencia el rock progresivo. Se suelen utilizar pocas líricas en sus canciones – siendo algunas de las bandas totalmente instrumentales – tomando a las voces como un instrumento musical más, funcionando muchas veces como ambiente, y utilizándola simplemente como un sonido más en la mezcla. El math-rock coquetea mucho también con géneros como el post-hardcore y el emo, y se caracteriza además por ser un estilo en donde no hay hits, sino obras musicales. El público que consume este estilo de bandas suele ser muy hostil, siguiendo a los grupos a todas partes, y agitándola en cada show, con mucho pogo y sobre todo, cantando a todo pulmón las pocas letras que las bandas tienen.

Con orígenes en Estados Unidos y Japón, el math rock se concentró en varias tierras, además de las ya mencionadas, como Irlanda, Francia, Rusia, Australasia, y con espacio dedicado en Argentina. Quienes elijen este estilo, aman su complejidad y sus estructuras tan confusas, no importa de donde provengan, este es un patrón común.

Hace un tiempo, Cuánta Rock reseñó a una banda del circuito Math; archipiélagos. Con un público totalmente exclusivo, y una actitud distinta en sí misma y en su forma de moverse. Una banda que desde su apreciación demuestra no ser normal. Pero por supuesto, la escena math-rock no comienza ni termina en archipiélagos. Sino que hay toda una escena, impulsada sobre todo por el sello Anomalía, integrada por un montón de bandas: Diente de Oro, Kjjjjjjjj, Hungría, Dislexia Free, Puerto Austral, haikus y más, que si bien no se parecen entre sí en lo musical, si comparten una misma base y línea.

Para hablar de todo esto, Cuánta Rock, juntó a tres referentes de distintas bandas de la movida math-rock: Malviaje, Puerto Austral y haikus.

Juan Godfrid, baterista de Malviaje y miembro de anomalía, que además cumple el rol del productor musical de prácticamente todos los discos de la movida math bonaerense. Tiene un home-studio hace 2 años, en donde fueron grabados la mayoría de los álbumes de las bandas que integran Anomalía.

Lucas Monastirsky, guitarrista de haikus, quienes el año pasado publicaron su disco s/t conformado por 6 canciones, pero que actualmente se encuentra en un proceso de re-estructuración en su formación, recargando energías.

Y Brian Duffau (alias “Bri”), bajista de Puerto Austral, quienes hace unos meses nos presentaron su EP “51°31’47″S 58°07’44″W”. Bri también se hace cargo del bajo en archipiélagos, y es miembro activo de Anomalía.

anomalía es el colectivo de bandas math-rock a través del cual organizan ciclos (ya van por la edición número 15), y editan discos, sirve como un apoyo en conjunto que atraviesa a todas las bandas del género, que, además de compartir un gusto musical, también comparten una amistad. Recientemente publicaron un mixtape con canciones de las distintas bandas del sello, grabadas en vivo en diferentes ediciones del ciclo anomalía.

CR: ¿Cómo ven la escena math en Buenos Aires?

Lucas: Desde hace poco se volvió prolifero. Sigue siendo un movimiento chiquito, pero lo que pasa ahora también es que lo están contemplando un poco más desde al lado del indie.

Juan: Es que si lo pensás, el math-rock como tal antes no existía acá, existe ahora y es algo nuevo.

Lucas: Hay bandas viejas pero que siempre tocaron por su lado. Esta es la primera vez que se están organizando.

Juan: Si, o capaz no eran estrictamente math-rock, como pueden ser Burning Metro.

Bri: Sí, Burning Metro se hacía llamar math-rock, y yo por ellos encontré un montón de bandas. Para mí fue como la primera en empezar a hacer esto acá y la que me hizo conocer un montón de grupos que tienen asociaciones como esta, al menos a mí. Y con el correr de los años, más gente empezó a escuchar este tipo de música, e internet ayudó cada vez más.

Lucas: E inclusive ese fue el caso de haikus. Yo creo que fui a la segunda Anomalía que se hizo y nunca me imaginé que me terminaría relacionando con todo este grupo de gente, y es un flash.

Juan: Lo interesante del math-rock para mí es que siempre hay un contacto muy directo entre el público y el músico, y eso lleva a un intercambio muy copado. En los shows y en general. Internet ayuda mucho, ya que podés estar en contacto muy fácil y con mucha gente. En enero me fui a producir un disco en Japón con una banda de math-rock y eso es algo que si no hubiera internet no se hubiera dado. Y que también se dio un poco por el género, es algo muy propio de esto y es un valor agregado que está buenísimo.

CR: ¿Por qué creen que es algo que se da en este género y no en otros?

Juan: Porque creo que el math-rock no tiene límites musicales, es más un movimiento cultural en algún sentido. Creo que es gente tratando de romper con esquemas. Por eso Malviaje, archipiélagos, haikus y Puerto Austral no tienen nada que ver musicalmente, pero sí tienen que ver con romper un esquema predeterminado, creo que es lo que nos pasó, le fuimos escapando a otras cosas. Por ahí cuando tenía 17 años pegaban las bandas post-hardcore, y todas las bandas para ser facheros tenías que hacer breakdowns y estribillos, o tener una banda como Infierno 18 y hacer temas hiteros. Me parece que es algo que acá no hay. No hay hits sino que hay obras, y eso es lo que da lugar a que los músicos estén interesados en lo que hacen otros músicos, y que esa comunidad y ese sentido de pertenencia a algo, es una cosa que otros géneros no tienen.

Bri: La etiqueta es como una coordenada, porque nadie a la hora de hacer su música se ata a tener que respetar algo, no es privativo. Si alguien tiene ganas de hacer algo, lo que sea, lo va a hacer sin atenerse a un ABC específico. Pero bueno, la etiqueta sirve para generar un cerco, decir “che bueno, más o menos así somos nosotros en la escena” o queriendo generar una escena, pero tocamos con bandas de hardcore, de stoner, o por lo menos que están más cerca de esas etiquetas que nosotros pero que igual compartimos un montón de cosas. Y también creo que en nuestro caso también es una cuestión muy humana, más allá del gusto compartido y que tocamos instrumentos y hacemos música, porque la gente que viene a los recis la pasa bien, ya sea por su cuenta o con nosotros si nos conoce, o si no nos conoce se nos pone hablar y me parece que eso es lo que se nota. Hablamos mucho con el público, o entre nosotros mismos en nuestros recitales, creo que todo el mundo entiende que es algo conjunto y la pasa bien supongo y por eso siguen viniendo. Es la conjunción de las dos cosas: el costado humano y el costado del gusto.

CR: ¿Por qué creen que el género se está acercando un poco al indie?

Lucas: Creo que la única relación que tiene el math-rock con el indie es que comparten una estética. No es una cuestión sonora. Y como decían los chicos, que las bandas math no se parecen entre sí, pero que sí comparten un objetivo en común: hacer música técnica con instrumentales interesantes y creativas. Ni siquiera tenemos una estética definida de cómo nos vemos cada uno, sino que cada uno se viste como quiere. Es una cuestión que le puede gustar a cualquiera, sea por cómo suena y por cómo se sienta identificado con ella.

Juan: En mi caso, creo también que el indie es hoy por hoy dentro de la música emergente lo que nuclea muchas cosas que empiezan a ser mercantilizables, vendibles. La gente se empieza a hinchar las bolas de algunas cosas pero también es difícil dejar de indagar es los puntos que uno siempre conoce, no es fácil de repente escuchar una banda que no tiene letra, que no tienen cantante directamente o que tiene un verso cada tres temas, pero yo quiero creer que la gente está abriendo un poco el oído a eso. Y el indie mal que mal (o el concepto de indie), le empieza a dar un poco de cabida a eso. Y los medios, al fin y al cabo, responden a lo que le gusta a la gente.

CR: El math-rock tiene mucha movida pero que al mismo tiempo es un movimiento que está bastante oculto, que lo tenés que saber encontrar, ¿ustedes qué piensan?

Lucas: Creo que es porque está muy esparcido,  hay bocha de movida afuera pero nunca se arma algo a lo grande. El único festival grande que se hace es en Reino Unido cada tanto, no es algo masivo.

Juan: También es por la manera de ser de muchas de las personas que integran las bandas de math-rock, medio bajo perfil. Además de que las bandas no hacen laburo de prensa, y no lo quieren hacer tampoco. Ninguna de las bandas de Anomalía labura con Rock City. Entonces, yo creo que eso da una pauta de qué pasa en Argentina. Es verdad que se ve un poco oculto a veces, pero también es gracioso, porque como dice él, al ser una movida que está pegando más a nivel global, de repente a nuestras bandas nos dan más cabida afuera que acá. De repente en el EP de Puerto Austral en Youtube veo comentarios pidiendo que vayan a Chile, a México, a Colombia.

Lucas: Si, tampoco hay personajes en el math.  Son agrupaciones de gente que busca bandas que compartan con ellos. Y de alguna manera buscan unir todas esas movidas a lo largo del globo. Sobre todo en América Latina, que hay mucha gente moviendo para el mismo lado.

Juan: Lo que pasa es que en América Latina es muy a pulmón, esa es la realidad. Girar es muy difícil y las movidas son chicas en todas las ciudades, pero de repente te empieza a pasar eso: viene una banda de afuera a tocar acá que nunca vino antes. Hace poco pudimos traer a Tortuganónima y de repente hay personas que dicen “che que onda estos chabones? Los re juno en internet y vienen a tocar, los quiero ir a ver”. Porque capaz como público ya viste a todas las bandas del círculo de acá entonces de repente viene una banda que nunca viste y que se mueve y decis “uh, re interesante”. A nosotros nos pasó cuando fuimos a Chile que la gente decía “che que loco, una banda de Argentina, me re ceba la idea, voy a ver esto”. Hay algo que me cautiva de hacer las cosas a pulmón en América Latina en ese sentido. Sin ir más lejos, el emo es algo muy allegado al math-rock y en Perú hay festivales que tocan como 40 bandas.

Bri: En Perú justo hay un par de movidas que no terminás de entender si son under o no porque los pibes tienen 50mil vistas en Youtube y que son parecidas a nosotros, que tendrán una movida un poco más grande o más fuerte pero que son pares: hablamos con ellos y no hay mucha diferencia a nivel manejo de cada uno. Es laburar también con el correr del tiempo y obviamente editando, sacando más música, y generando contenido. Creo que el punto es generar contenido y hacerlo llegar orgánicamente.

Lucas: Claro, no hay otra forma de moverse que no sea tocando.

Bri: Que sea tocando, que sea editando. Vienen bandas de afuera y se quedan en las casa de alguno de nosotros, lo mismo nosotros si vamos para allá. Eso es algo muy del hazlo-tu-mismo.

Juan: Es divertido eso también. En el sello – anomalía – está Arrecifes, que es una banda de Chile, y cuando nosotros nos fuimos para allá, ellos no tocaban en la fecha que hacíamos nosotros, pero les preguntamos si podíamos quedarnos en su casa y nos quedamos 40 monos. Están esas cosas. Y también me pasó algo muy gracioso que es que cuando me fui a Japón estaba tomando un café con los chicos de la banda, y me dijeron “no, porque nosotros tocamos en los ciclos que arma tal chabón” y le digo “noo, pero qué loco!”. Porque ese chabón ese el mismo que cuando fueron los chilenos con los que yo toqué les hizo de manager”. Tiene eso de pueblo chico infierno grande, de las conexiones. Y te das cuenta que realmente el esfuerzo que estás haciendo repercute en otros lados. En México nos pedían remeras de anomalía.

CR: Nombraron que las bandas de este género no buscan hacer prensa, son bajo perfil y generalmente no se hacen conocidas por los medios sino por el público.

Bri: Tiene pros y contras.

Juan: Sé que somos músicos que tocan para músicos, y eso te puede cagar a veces. Yo estoy en las fechas y digo “ah, pero este es el chabón que toca en tal lado, este lo juno porque tocaba con tal” y así. Y eso está bueno porque la realidad es que a mí me nutre y a todos nos pasa. Pero es verdad que a veces hay que encontrar la manera de romper con esas limitaciones para no ser un aparato. Eso es jodido, sobre todo para un género que peca de ser técnico musicalmente.

CR: ¿Les molestan las etiquetas?

Bri: No, las usamos pero no es privativa ni la vamos a desechar. Es el cerco en el que nos movemos. Pero no hay ningún tipo de restricción, cada uno hace lo que quiere y con quien quiere, sea tocar, componer.

Juan: El math-rock es la base. Por ejemplo, cuando conocí a los chicos de archipiélagos, les dije “ah ustedes la re flashean con American Football y fue como “okey bueno, ¿qué hiciste vos a partir de esa base?” y cada uno flasheó una cosa diferente. Y también pasó con los pibes de haikus, que a ellos les gustaba  The Fall of Troy y a nosotros también pero hicimos cosas re distintas, y es re loco, porque hay gustos en común muy profundos y específicos.

Lucas: Claro, y después los aplicás como vos querés. Yo creo que las etiquetas no te limitan pero con una sola no basta. Es tan extenso todo que lo único que podés tener en común es el math-rock, pero podés tener diez mil influencias y aplicarlas de maneras totalmente distintas.

Juan: Y te sorprendería a veces también. Por ejemplo, cuando vinieron los Toe, los entrevisté y les dije “che, ustedes, math-rock”, y los tipos me dijeron “no, mirá, ni idea de lo que me estás hablando” y para mí eran los papás de esto.Esos momentos están buenos a veces, porque reflexionás y te das cuenta que al fin y al cabo es música. El término indie a veces no me gusta porque digo bueno, al final hago un riff de guitarra, le pongo unos coros y digo “ya soy indie, me voy a tocar a La Plata y listo”. Y caer en lo típico me rompe un poco las bolas a mí personalmente.

CR: ¿Creen que es una música difícil de escuchar, qué no es para todo el mundo?

Bri: A nivel personal obviamente no. Pero creo que sin ser apropósito ni buscándolo, cada uno fue juntando influencias para que no sea algo meramente técnico y una demostración simplemente de capacidad, sino que tenga algún atractivo de algún tipo, por más mínimo que sea de conexión con el otro. Algunas cosas funcionan, otras más y otras menos, pero está la intención de que sea algo escuchable, fácil por momentos y por otros no, y que no sea algo meramente demostrativo. No quiero que me vean tocar rápido y haciendo muchas notas, sino que quiero que me vean haciendo algo que es interesante y creativo.

Juan: Creo que también es una buena herramienta al final, porque a veces es como “ah bueno, pero tengo que pensar lo que estoy escuchando”, y creo que a mí me pasa mucho eso con bandas como archipiélagos o Diente de Oro, que lo escucho y en algún momento digo “bueno, ya está”. No hay que pensar tanto, no lo proceses porque te estás perdiendo el tema, y eso es interesante como ejercicio de escucha, son texturas todo el tiempo. Nuestras bandas son como uniones de partes y como que vas haciendo texturas, y hay que liberarse a escucharlo y no pensarlo tanto.

CR: ¿Es un género que está relacionado mucho con el formato en vinilo?

Bri: Sí, muchas bandas de los 90’s editaban en vinilo. De los 2000 para acá ya se dió una cuestión más digital, y un poco más atrás desde el post-rock hay relación con el vinilo. Casi todos los sellos de Estados Unidos que toman estas bandas y las incorporan en sus catálogos las editan en vinilo, así que yo creo que sí. Mismo desde el lado del rock progresivo, está casi todo editado en vinilo.

Juan: La realidad es que el vinilo se escucha bien. Son bandas que tienen una búsqueda sonora muy grosa y se queman mucho con cómo quieren que suenen sus discos. El vinilo te permite una profundidad de audio que otros formatos no te permiten. Y por el lado del merch también es interesante porque te da la pauta de que hay algo que se puede hacer, sino es todo Spotify y eso no está tan bueno. Lo tangible está bueno, el poder editar cosas.

AGRADECIMIENTOS: DIEGO FRAGA, SEBASTIÁN AYALA
FOTOGRAFIAS: PANDORA
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