Bruno Charadía de Mermelada de Morcilla

Pocas bandas tienen un nombre tan particular como Mermelada de Morcilla. Y por más que su nombre sea burlón, su música no es ningún chiste. La banda oriunda de zona norte presenta canciones con una sonoridad muy cuidada, prolija, navegando en el amplio universo del rock alternativo coqueteando con el punk, y teniendo como fuerte letras irónicas, que provocan un choque y deja desorbitado a quien los escucha. Una banda definitivamente difícil de clasificar, que tal vez no cautiva a todos a la primera escucha,  pero que cuando lo hace, es para siempre.

Tienen dos discos bajo el brazo, el primero, Los Domingos (2016), un álbum fresco, rápido, que contiene temas como “Todo se transforma en caca”, “Me sulfura el pebete” y “Hamburguesa feliz” – cuyos nombres tal vez den una impresión de algo que en realidad la banda no es. Hay que escuchar para conocer, como regla primera. Y el segundo es Buen Mozo (2018), un material más maduro, en donde las canciones bajan el tempo y tienen una búsqueda un poco más oscura.

El grupo lo conforman Andrés Llanos en guitarra, Francisco Dietze en batería, Pablo González en bajo y Bruno Charadía en guitarra y voz. Merme arrancó en realidad como el proyecto solista de Bruno, con quien Cuánta Rock tuvo el agrado de charlar acerca del pasado, presente y futuro de la banda y de su preparación de cara a su próximo show el 18 de octubre en La Tangente junto a Folie. La mente detrás de Mermelada de Morcilla.

¿Cómo está Mermelada de Morcilla en el presente?

Tuvimos un año espectacular, tocamos un montón. Tocamos dos veces en el Matienzo, presentamos en marzo nuestro segundo disco en La Tangente, tocamos de teloneros de Militantes del Klímax, de Julio y Agosto. Viajé yo solo a tocar a Montevideo y dos veces a Mar del Plata. También fue el año en que terminamos de mezclar Buen Mozo, que lo habíamos grabado el año pasado, y este año lo terminamos de masterizar y editar para presentarlo en Marzo en La Tangente, y (obvio) re manijas, lo terminamos y ya estamos haciendo temas nuevos.

¿Qué representa Buen Mozo para vos?

En Buen Mozo hay temas del año pasado, que fue un año en el que me pasaron un montón de cosas a nivel personal y que me hizo componer de forma más oscura: me mudé, me separé, cambié de laburo, se separó la banda con la que tocaba la batería hacía 10 años. Pasaron muchas cosas, y Fran, Andy y Pablo también transitaron cosas extrañas durante ese lapso. Fue un momento de reacomodamiento. Entonces, en Buen Mozo, hay canciones de esa oscuridad por la que pasaba, y temas que habían quedado sin grabar del primer disco. Quedó como un refrito lindo, se buscó una línea artística y un concepto, pero es un disco sórdido.


Lo que me llama la atención de Buen Mozo es como arranca, con la canción “Alegría y mano dura”, ¿cómo fue la selección de ese tema para abrirlo?

Fue una jugada ponerlo primero. Es un poco el concepto, es el tema más power. La letra la armamos con Nico Carmen – productor del álbum – En su momento era como nuestro tema favorito del disco, por la carga de la situación del país. Fue una decisión, porque por un lado te consuela decir “bueno, la gente no escucha discos enteros”, y el que lo escuche entero va a escuchar todo el concepto de punta a punta, pero sino, escuchás temas sueltos y ya.

¿Te gusta pensar los discos de manera conceptual?

Sí, pero está en crisis el formato del disco entero: ¿hay que hacerlo? ¿vale la pena hacerlo? ¿para quién lo hacés? Tenés que hacer algo que promedie entre lo que hay y al mismo tiempo jugársela. Teníamos once temas y dijimos bueno, vamos a sacar un disco de once temas y pensémoslo como un disco  con una tapa, con un nombre, con un concepto y a la mierda.

En la tapa son ustedes con ositos de peluche…

Es como para mostrar esa ambigüedad que tiene la banda. Parece que somos unos rockeros giles naif, pero las letras te pegan una piña en el riñón.

Ese reacomodamiento que hubo junto a las cosas que transitaron el año pasado, calculo que los habrá hecho mutar musicalmente hacia otra cosa, ¿por qué lado van a venir las nuevas canciones de Merme?

Más tranqui. Bah, también hay algunos más por el lado punk-rock. Hay de todo, pero creo que se simplificó la composición con los temas nuevos, que los estamos produciendo mucho en la sala. Los sigo armando yo todos a nivel compositivo, pero  los tiro en la sala y los cagamos a palos mal. Ahora estamos con tres temas nuevos, dos que son nuevos-nuevos y uno que es viejo, de la primer época, que lo resucitamos. Y estamos como “che, saquemosle otra vuelta a ese estribillo”, hay uno que dura 1.40, hay otro que se llama “buen día bebé” que es un tema que compuse cuando recién me separaba, que es el más larguito y lento pero que  tiene una atmósfera onda los temas lentos de Mac DeMarco, con tecladito. Nos gusta esa sonoridad, y los pibes – Fran, Andy y Pablo – son re rockeros y punk. Y sí o sí, el bajo y la bata suenan pesado, y Andy es re punk-rock.

Así que por ahora vienen esos temas más o menos directos, siempre tratando de prestarle atención a la lírica. Tienen la sonoridad del último disco por los chorus y las atmósferas, pero tienen la polenta del primero. Volvió la rabia del primer disco pero con la maduración sonora de esta época.

¿Qué les gusta generar en el público cuando los van a ver en vivo?

Una alegría incómoda, como que estás cautivo. Que te cautives con lo que está pasando desde lo sonoro y las letras pero que por momentos estén incómodos y les revuelva un poquito. Los shows en donde la gente más se involucra y están más prendidos fuego, no es que nos vienen a decir “che, que bueno que está el solo de batería” – primero que no tenemos solo de batería – sino que nos dicen “che, esa frase que decís en ese momento, hijo de yuta, me pegaste en una que me hiciste acordar al colegio”. Tiramos dardos  para todos y a cada uno le pega para un lado distinto.  Que les mueva un poco la sangre, que les revuelva algo, hay gente que llora algunas veces. Las letras de Merme son mi cerebro hablando sin filtro, y de la manera más hermosa que pueda posible. Es un lugar de rebeldía, es como “bueno, voy a decir esto, y si no te gusta, bueno”.

Es una forma de expresar sentimientos que capaz no podés en la vida cotidiana, ¿no?

Tienen una carga irónica fuertísima. Incluso hay un tema que dejamos de tocar porque tocaban temáticas relacionados a la violencia de género, de una forma irónica. Hay uno que se llama “Andá y pegale con la botella”, y claramente ninguno en la banda le pega a sus parejas ni es violento, en lo concreto surgió de una joda al batero que se enamoró de una chica que le rompió el corazón tres veces y dijimos “che bueno andá y pegale un botellazo”, fue un eufemismo, no de forma literal, porque nos gusta jugar con el límite. Obvio que no le vamos a pegar a nadie. Y dado el contexto actual que está todo revuelto, que está perfecto que así sea porque tiene que revolverse todo para que algo cambie, dijimos bueno, no lo toquemos más. También hay uno que dice que hay que matar a la policía.

¿Cómo se preparan para el show en La Tangente?

El plan de los shows en vivo siempre es hacerlos re contra cuidados. La lista de temas es sagrada. La lista de La Tangente está mutando hace semanas y ya está casi la definitiva, hasta le hicimos intros nuevas a algunas canciones para vincularlas. Son 52 minutos de pasión y locura.

La Tangente es, de los lugares de escala pequeña, el mejor de Capital. El más lindo. A nivel sonido, a nivel lugar, me saco el sombrero ante el arquitecto que lo diseñó. Es como estar adentro de una navecita espacial. Y te tratan muy bien. La flashé por primera vez cuando fui a ver a Francisco Villa y Bautista Viajando, y después pudimos tocar ahí para la presentación del disco. Quedamos flasheados después de eso y pensamos que había que volver, se volvió a dar esta oportunidad del 18 de octubre, y en el camino caí con alguien mágico que me presentó una banda de zona oeste que se llama Folie. Y nos pareció una buena idea y un poco salir de la zona de confort de tocar con tus amigos y las bandas que conocemos y dijimos “bueno, vamos a jugárnosla con una banda que suena lindo, y que se ponga la fecha al hombro con nosotros”.

¿Cómo es tocar para un público que no es el propio?

A mí siempre me cuesta mucho porque hay una parte de mí que es muy insegura y cuestionadora de mí mismo, y cuando hay público nuevo que está quieto es como “bueno, te tengo que cautivar”. Y también yo se que a la gente con Merme le pasa que, entre la música que no es tan común porque tiene muchos cambios y cosas, y las letras, las personas ponen cara de ovejero alemán cuando le chiflás y te gira la cabeza. Te miran como ¿qué?  Y el que logra pasar esa barrera, flashea. Cuando hay gente nueva siempre alguno viene después flasheado. Quizás después no vuelven a vernos pero por los menos ese día se fueron contentos.

En Capital, capaz son shows más apagados que en zona norte porque allá están todos nuestros amigos y son más eufóricos, te gritan: ¡eh, tocá la de Britney Spears! – porque tocamos Baby one more time a veces – pero en la ciudad lo que pasa es que las personas prestan más atención, son más respetuosos. Y el 18 va a estar bueno porque vamos a tocar para el público de Folie, que yo creo que a su público les va a gustar Merme y al público de Merme le va a gustar Folie.

Fotografías por Tina Vignolo.

 

 

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