Puerto Austral

Con base emo, math, elementos del indie y raíces post-hardcore, Puerto Austral apareció como la revelación del año lanzando en abril su segundo EP, titulado 51°31’47″S 58°07’44″W, que nos dejó enamorados a muchos. Conformada por Diego y Tomás Fraga (guitarras), Brian Duffau (bajo) y Tato Zambetti (batería), la banda oriunda de la ciudad de Buenos Aires tiene tres años de recorrido y dos materiales bajo el brazo.

Personalmente, descubrí al grupo a través de archipiélagos, banda de la que Diego y Brian también son parte. Llegó casi de casualidad, se me presentó como un ente, a través de la fotografía de una mano sosteniendo un poco de nieve en un paisaje patagónico. A través de unos números que no sabía lo que significaban. Hasta que puse play y todo cobró sentido. O alguno, al menos. Lo que pasó después trataré de expresarlo en esta reseña, dedicada a una de las bandas más interesantes de la escena actual.

EL COMIENZO

“Queríamos armar la banda que queríamos escuchar” –  contó Diego a Cuánta Rock – “que nos gustaba y que no existía”. Los primeros pasos se remontan a juntadas entre Diego y Tato en 2015, en donde salieron algunas ideas de canciones. Luego se sumaría un amigo de ese entonces, Maxi Ruina, con la idea de producirles su primer material, pero que luego terminaría acoplándose también en bajo, voz y composición de las líricas. El hermano de Diego, Tomás, completaría la formación en la guitarra. Fue así que grabaron el primer EP del grupo, conformado por cinco canciones que se mueven entre el emo, el punk y el post hardcore, con estribillos pegadizos: “somos unos pibes que vienen del post hardcore, del punk. Y cuando empezamos, básicamente queríamos hacer emo usando elementos de eso, y algo de indie. Queríamos lograr un sonido un poco más limpio que el post hardcore, pero con elementos de él”.  En el EP se respira juventud, aprendizaje y primeras ideas: “fue medio un Frankenstein que armamos, con partes pegadas una atrás de otra” – “el segundo salió más fluido, es otra cosa. Los temas se armaron de una nueva forma”.

La salida de Maxi en 2017, generaría una re-estructuración en el grupo “no  podíamos seguir cantando como canta él, y ya no hacíamos el mismo tipo de música ni de melodías con la guitarra, y dijimos bueno, si vamos a arrancar medio de cero, arranquemos de cero” empezaron a componer las voces ellos, y con la suma de Brian, la banda quedaría conformada como la conocemos hoy: “Bri trajo otra impronta, hace simples las cosas complejas y aclara mucho el panorama. Te da libertades musicalmente, completa cuando hay que completar y deja espacio cuando hay que dejarlo” – contó Diego. “Las ideas que los chicos tenían me encantaron desde un principio, ya estaban medio cocinadas, estaban muy buenas, eran para explotar un montón. Y el cambio de un material a otro es de 180” – agregó Bri. Y sí que lo es.

Tomi – Diego – Tato – Bri

A PUERTO SOLEDAD

51°31’47″S 58°07’44″W es el nombre del segundo EP de Puerto, lanzado en abril de este año. Un título que generó curiosidad. Automáticamente fuimos a googlear, y encontramos que esa coordenada lleva a Puerto Soledad, en las Islas Malvinas. ¿Una metáfora? Tal vez: “Nos gustó el nombre del lugar, y sabíamos que iba a haber gente que lo iba a buscar y se iba a preguntar: ¿qué carajos es esto?”“básicamente es darle un lugar físico a lo que es Puerto Austral. Puerto Austral es un lugar de algún modo, es un lugar físico geográfico, y con el arte y con la estética de la banda se da a entender que es un lugar en el sur argentino” – expresaron.

El EP de 16 minutos de duración, está conformado por cuatro hermosas canciones, “Bambú”, “Víbora de la cruz (a.k.a yarará)”, “Lago Escondido” y “Koshkil”, y están unidas de una forma en que se escuchen una atrás de otra, funcionando en conjunto, como una obra: “te van contando una historia” – agregó Tato.

La temática es bien local, bien argentina, remitiendo a distintos elementos de la naturaleza: vegetación, algo animal, agua, y viento (koshkil es el viento patagónico, que viene desde la Cordillera de los andes). A nivel sonoro, los puerto nos presentan un material que propone una mutación en relación a su antecesor, en donde si bien se respiran bases post hardcore, explora otro tipo de texturas y colores, sumado a que ahora las voces son de ambiente y están a cargo de los cuatro integrantes, no cae el peso en una voz principal: “nos acercamos mucho más al sonido que queríamos lograr, y mutó por un montón de cuestiones, que tienen que ver con el modo de componer las canciones y las voces que encaran desde otro lado” – cuenta Diego, y agregó, en relación a la composición: “los temas fueron llevados desde la estructura y arriba de eso cada uno lo embellecía a su manera”.

Las melodías de las guitarras se complementan, parece como si se contestaran, el bajo hace lo justo y necesario, con estructuras creativas y simples, y los cortes y contratiempos de batería hacen cerrar el círculo a la perfección. No sobra ni hace falta nada. Los sonidos que coquetean con el math y el emo se mezclan con elementos indie de estribillos pegadizos, casi pop, como en “Bambú”.  “Lago escondido” es el tercer track, instrumental, y funciona como puente entre “Víbora” y “Koshkil”, en donde se escuchan algunos sonidos de ambiente tomados directamente desde el celular, dando la sensación de que estás ahí mismo, en su intimidad: “el día que grabamos las guitarras de Lago Escondido hicimos un recreo para comprar algo y a Diego se le ocurrió grabar sonidos de ambiente de fondo, animales, autos, nosotros hablando. Nos gustó bastante” – nos contó Bri. A lo que Diego agregó: “Veníamos grabando con buenas guitaras, buenos equipos, y dijimos ‘bueno, mechemoslo con algo lo-fi’. Koshkil da el cierre a Puerto Soledad, y tal vez sea la canción más sensible y triste del disco, en donde se suma un xilofón de la mano de Diego, y una trompeta a cargo de Francisco Giordano que le da el toque final.

El EP funciona como un acompañamiento en momentos de tristeza. Se personifica como una voz, un consejo, un amigo que te dice que al final va a estar todo bien. Una angustia con un dejo de luminosidad, de aire fresco: “las letras son vómitos, no están demasiado pensadas, ni tienen ningún enrosque literario, no son muy pretenciosas. Siento que son consejos de un emo a otro emo. Las tomo como consejos a mí mismo” – expresó Diego, quien estuvo a cargo de las líricas junto a Tato en este material. “Expresan un optimismo raro. Que si bien está todo mal, está todo bien con que esté todo mal. Trato de acompañar la música con algunos sentimientos de tristeza o de oscuro optimismo”. A través de mensajes simples y cortos, sin demasiado trasfondo, las letras te acompaña en el viaje, funcionan como un abrazo con palmadas: reconfortante, te ayuda, pero al mismo tiempo entristece.

La belleza del material también está en que todo concuerda desde que pones play en el reproductor hasta tener la edición física en tus manos. La portada es una foto analógica de una mano sosteniendo nieve en Tierra del Fuego, a cargo de Nacho Maestu. Junto al CD físico, también se realizó un fanzine: “Lo hicimos especialmente para entregar con el disco. Es una continuación del arte del EP, tiene las fotos de Nacho y Yamila, e ilustraciones de distintas personas que dibujaron las letras. Cuatro ilustraciones”. Está todo cuidado y pensado. Es una obra de arte. Un viaje sonoro, sensitivo, visual. Una historia. Y la música atrapa, envuelve.

Y aplaudo y me pongo de pie ante bandas como Puerto Austral que saben resignificar sonidos que originalmente son anglosajones, pero que los toman y los convierten en algo propio, y diferente. Puerto Austral es una banda que puede ser escuchada universalmente, pero que está atravesada totalmente por la territorialidad de sus integrantes y se presentan de una manera original y única. Los relatos que afirman que está todo inventado, se caen a pedazos al escuchar a los puerto. Buen viaje y suerte para ellos.

VIVO

Escucharlos en vivo y en directo es una experiencia totalmente diferente al registro.  Si bien la música es técnicamente interpretada igual al EP, la cosa pasa por otro lado. En sus shows, los muchachos apenas atinan a acercarse a los micrófonos (muchas veces sin siquiera utilizarlos), con timidez, solamente marcando inicio y final de las letras, y dejando que los verdaderos cantantes y protagonistas sean las personas que los van a ver, que cantan a gritos todas las letras, generando un ambiente mágico: “El público está en el mismo volumen de voz que nosotros, porque estamos cantando todos al aire. Si cantamos todos va a estar buenísimo, si cantamos nosotros cuatro va a estar bien, y si no canta nadie, va a estar”.

La conexión entre los cuatro músicos se siente y transmite. Generan un pequeño mundo, una atmósfera propia en donde se refugian de la exposición frente a un montón de gente: “Reforzamos la confianza mirándonos” – Los mejores shows de Puerto fueron aquellos en los espacios más reducidos, donde el ambiente es más íntimo. “Parece una boludez pero para nosotros no es tan fácil subirnos a un escenario a tocar, es un proceso, ahora lo hacemos un poco más relajados pero somos muy tímidos” – expresó Diego. “En las partes más calladas o más emo siento que es nuestro momento, que ahí estamos en nuestra salsa: la de estar callados. Obviamente lo que te llevás es cuando explota todo y cantás un estribillo o una letra. Pero cuando estamos ahí abajo es nuestro momento, y el poder decir ‘bueno, también somos esta cosa callada’- “Nos cuesta cantar y la gente canta a pleno, entonces ya no te da tanto cagazo entrar al micrófono” . 

MOVIDA

Puerto Austral está instalado en una movida definida, a partir de su asociación con el sello anomalía (colectivo de bandas de la escena math-rock de la que también forman parte Hungría, Ventanas, MALVIAJE, archipiélagos y más), pero tampoco lo utilizan como una etiqueta privativa. Ni siquiera como una etiqueta. El hecho de que los muchachos jueguen con elementos de varios géneros hace que personas de cualquier tipo de ámbitos les guste lo que hacen (de ahí la afirmación de la universalidad de su música): “Yo lo que siento que tiene Puerto es, al tener recursos del indie y no atarse al math, distintas partes de distintos temas le pueden gustar a diferentes personas; y lo otro que capaz no le gusta tanto, no le es tan desagradable. Para el indie, hay una parte medio math-rockera que no es tan gede, y al que escucha math-rock, de repente el estribillo de Víbora que es indie, no le genera desagrado. Está bueno que te escuche una persona cualquiera, que ni siquiera curte música under. Está bueno que pase y es lo que queremos: que sea música. No nos interesa ser la banda del emo, del indie o del math-rock, no queremos estar atados a ninguna de esas cuestiones. Queremos que a la gente le gusten las canciones, porque es lo que hacemos, canciones” – afirmó Diego.

PLANES

Luego de un año tocando en diferentes espacios de Capital y el conurbano, los puerto hoy por hoy se encuentran componiendo algunas canciones nuevas, con planes de sacar un split a comienzos del 2019 junto a una banda secreta. No hay tiempos estipulados, pero la idea es seguir haciendo canciones, mientras sus cuatro integrantes sigan en la misma sintonía: “Por el momento seguiremos haciendo cosas, es probable que hagamos otro split más, y grabaremos otra cosa de Puerto. La idea es seguir tocando. Mientras estemos todos en la misma, vamos a darle para adelante con esto”.

Puerto Austral se va a estar presentando el miércoles 12 de diciembre en el Teatro Monteviejo (Lavalle 3177) junto a tortuganónima y MALVIAJE, y también el sábado 15 de diciembre en la anomalía #016, junto a archipiélagos, Kyori y Hélices en Espacio Cultural Mi Casa (Agüero 787).

RESEÑA Y FOTOGRAFÍAS POR TINA VIGNOLO

 

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